La apertura es uno de los pilares fundamentales de la fotografía y forma parte del conocido triángulo de la exposición, junto con la velocidad de obturación y el ISO. Se refiere al tamaño de la abertura del diafragma del objetivo, por donde entra la luz hacia el sensor de la cámara. Además de controlar la cantidad de luz, la apertura influye directamente en el aspecto creativo de la imagen.
¿Qué es la apertura del diafragma?
El diafragma funciona de manera similar al iris del ojo humano: se abre o se cierra según la cantidad de luz disponible. La apertura se mide en números f o f-stop (f/1.8, f/4, f/8, f/11, etc.).
Número f pequeño (f/1.8) → apertura grande
Número f grande (f/11) → apertura pequeña
Esto puede resultar confuso al principio, pero es clave entender que el número f es una relación matemática entre la distancia focal y el diámetro de la apertura.
La apertura en fotografía
Apertura y cantidad de luz
La apertura determina cuánta luz entra en la cámara:
Apertura grande: deja pasar mucha luz, ideal para situaciones de poca iluminación.
Apertura pequeña: deja pasar menos luz, adecuada para escenas muy iluminadas.
Cambiar la apertura suele requerir ajustar la velocidad de obturación o el ISO para mantener una exposición correcta.
Apertura y profundidad de campo
Uno de los efectos más importantes de la apertura es la profundidad de campo, es decir, la zona de la imagen que aparece nítida.
Apertura grande (f/1.8 – f/2.8):
Poca profundidad de campo
Fondo desenfocado (bokeh)
Ideal para retratos y fotografía artística
Apertura pequeña (f/8 – f/16):
Gran profundidad de campo
Más elementos enfocados
Ideal para paisajes y fotografía de arquitectura


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